Kendall Maison, escritor.

jueves 30 de octubre de 2008

NUEVO LIBRO DE KENDALL MAISON


AGAROTH Y EL MAESTRO DEL CONOCIMIENTO

Este nuevo libro de temática épica, sale al mercado para deleite de todos aquellos que gustan de este género, en el que la aventura, la filosofía y la fantasía van unidas de la mano.

Una saga compuesta de cuatro volúmenes bajo el título genérico de CRONICAS BORKIAS.

En este primer libro de situación conoceréis a los personajes, veréis como van accediendo a un mundo cambiante, en el que el bien y el mal son relativos, y las batallas se suceden con una poderosa trama detrás, que le aporta misterio, y suspense para manteneros enganchados al libro, hasta que el desenlace os lleve a ese mundo ,que da comienzo con este primero de los cuatro volúmenes...

Que lo disfrutéis es mi prioridad...espero vuestros comentarios, a los que responderé gustoso...el libro estará a lo largo de este mes en las librerías...

domingo 26 de octubre de 2008

SEVILLA, EL PARIS DE ESPAÑA



Cuando desembarqué en el aeropuerto de Sevilla, sentí que me internaba en un mundo paralelo en el que cada detalle iba a ser diferente por completo a todo lo visto hasta aquel instante, en el que el tiempo me trasladaría a la tierra de las taifas y las mezquitas de altos minaretes, que pincharon el cielo, y de las que sobrevivió uno de ellos, para convertirse en la señal enhiesta de la más altiva y poderosa Catedral de la Europa medieval.

El aire penetraba por mis fosas nasales quemando las paredes, y cada bocanada de aquellos cuarenta y tres grados suponía un esfuerzo que sin embargo merecía la pena sufrir. Un amigo me dijo en una ocasión que Sevilla era el París de España, que quien la visitaba conociendo la capital francesa antes, se daba perfecta cuenta de que se le parecía como hermana gemela… yo por mi parte, hice lo contrario aquel verano de 2003, y conocí antes la maravillosa y encantada Sevilla por la que deambulé saboreando su ambiente cálido, sus gentes amables y risueñas, que hospitalarias como pocas en parte alguna del mundo, me recibieron en cada tienda, en cada comercio, templo y palacio, como al hijo que regresa a casa.

La Catedral con la Giralda, antiguo minarete de la mezquita árabe, se alzaba ante mí como orgullosa señora de la ciudad, hecha por manos de oro y plata que eran conocedoras de los entresijos, de los secretos de la construcción de tales moles, que aún hoy día levantan expectación. Penetré en el templo y lo recorrí admirando boquiabierto, al contemplar tal cantidad de tesoros como esmeraldas en racimos adornando la cabeza de un busto de plata, las Coronas de María y Jesús niño, que llaman virgen de los reyes, con enormes diamantes, rubíes, marfil y esmeraldas cuajándolas, incrustadas en el oro tallado con mano diestra… la Tumba de Colón fastuosa y monumental, el espacio que se abre en medio de tan enorme edificio, y la custodia de plata, enorme, exquisita y diferente a las que se puedan ver en otras catedrales más acorde a los gustos refinados del siglo XVIII, mostraban su grandeza. Los recovecos que se pueden descubrir dentro son una pequeña aventura en la que cada detalle da cuenta de su historia, profunda intensa y poderosa.

Pero Sevilla es mucho más, y mi siguiente visita fue al Palacio de San Telmo, una obra magistral, en la que destaca la puerta barroca que no tiene parangón en parte alguna del mundo, y que deja parado a quien se enfrenta a su poder hipnótico cuando pretende fotografiarla. Es de dos plantas, elegante estilizado y grandioso a un tiempo. Lugar en el que se instaló el gobierno de la comunidad de Andalucía no es posible visitarlo por dentro como otros de su género, que sirven de museos.

Paseé por el Guadalquivir, anchuroso y fresco, por el que discurren los barcos como lo hacen por el Sena. La Torre del Oro discreta y majestuosa, llamó mi atención y Marta y yo subimos por las escaleras hasta llegar a su corazón, un museo de maquetas de barcos realmente digno de verse. Desde sus ventanas las vistas supusieron un premio al esfuerzo de combatir el calor estival, al que tan poco acostumbrados estábamos.

Una cerveza en una de sus terrazas alivió el calor y nos perdimos por los meandros de la judería, un laberinto que nadie debe perderse cuando se visita esta magnífica ciudad. Sus callejuelas de fachadas blanqueadas, que antaño fueran azules, para diferenciarlas de las de los musulmanes y católicos, reflejaban la luz confiriéndole una personalidad única. Regresamos de noche cuando las gentes se acumulan en las calles para disfrutar de la temperatura fresca y agradable que permite la charla y las risas que inundan sus rincones. Nos quedamos parados en medio del Puente de Isabel II y las aguas del ancho río gorgojearon alegres de saberse admiradas.

Quedaba un lugar emblemático de visitar y ese era el Palacio Castillo de los Reyes Cristianos. Sus jardines exóticos ordenados en dibujos geométricos y las fuentes que nacen del suelo mismo, se ofrecen al visitante como regalo a los sentidos. Palmeras y árboles de todo tipo se elevan sobre los setos dando su solicitada sombra, flanqueando aljibes de agua a modo de estanques, entre los que destaca el llamado de Mercurio, en el que el agua salta desde lo alto de una hermosa torre, para salpicar la superficie acuosa, ante las bellas estatuas de piedra que la bordean.

Sus cámaras amuebladas con lujo ostentoso, como procede en tan magno palacio, en el que aún hoy día los reyes pernoctan cuando visitan la ciudad, alimentaron nuestros espíritus hambrientos de arte e historia. Sus torres de almenas arabescas y la muralla que recuerda que un día fue la reina del sur, precintan sus secretos dándole un aire de misterio que cuando anochece se acrecienta. Salimos de allí satisfechos y llenos de imágenes de inmensa belleza, que dejaron su sello en nosotros.

La París de España que como bien pude comprobar, tiene cierto parecido con la París de Francia, dejó en mi su impronta y el deseo de volver. Muchas más sorpresas depara al turista la gran ciudad de Sevilla, pero se deben descubrir por uno mismo… sólo así se descubre parte de su encanto que encandila a quien la admira.

viernes 17 de octubre de 2008

TOLEDO CIUDAD IMPERIAL




Foto de ToledoDesde lo alto de una colina, a las afueras de la ciudad imperial de Toledo, divisé sus callejuelas y vericuetos, coronados por la aguja de la enorme catedral que se eleva orgullosa en medio de ella, prestándole su elegancia al conjunto arquitectónico que es Toledo.

El castillo de San Servando, quedaba afuera, al otro lado, como un anuncio del poder omnipresente de la ciudad y del esplendor que aún posee. Me introduje en la hermosa urbe atravesando la puerta imperial custodiada por las águilas labradas exquisitamente sobre las piedras seculares, y me perdí por sus meandros pétreos para familiarizarme con su peculiar personalidad. Adquirí unos mazapanes, que son los mejores del mundo, y los degusté con deleite hasta llegar al pie de la torre de la catedral. Penetré en el imponente santuario que es el templo, y pisé la cámara del tesoro, esperando ver mucho menos de lo que mis ojos captaron. La corona imperial de los Austrias hecha con la corona de la reina doña Isabel de Castilla como base, y coronada por una cúpula de oro tallado por un hábil orfebre, y recubierta de esmeraldas de gran tamaño y rubíes, así como perlas en abundancia, me fascinó. Un enorme crucifijo de plata regalo de un papa de Roma, así como el que pendía de su cuello hecho con siete enormes rubíes amén de otros objetos de interés, relumbraron en su interior como estrellas acumuladas por un mago. Salí al templo propiamente dicho y visité las reservas de túnicas y mitras que éste tiene dentro de otro sector. Un manto de la virgen del rosario engalanado con dos inmensas esmeraldas de gran pureza, tan grandes que jamás vi dos iguales, adornaban dicha prenda y toda ella se hallaba recubierta de perlas por millares. Casullas y mitras con pedrería suficiente como para comprar un reino, pasaron ante mis ojos atónitos. El trabajo de tallado del mármol de las esculturas y la elegancia de las altísimas columnas góticas resultaba algo que empequeñecía a cualquier ser humano. Salir al sol de nuevo fue como abandonar la cueva de los tesoros de un emperador de otros tiempos.

Toledo, que fue capital del reino visigodo y de un reino de taifas, ha visto dentro de sí una de las juderías más famosas y algunos de los asaltos militares más enconados de la historia de nuestra nación. En su sólido alcázar se libró una de las más cruentas batallas en la que las libertades perdieron ante la fuerza de las armas, y sus torres herrerianas esbeltas y potentes se alzan en la colina que domina la ciudad como un titán enhiesto, listo para defenderla de intrusos. Cuando entré en él me sentí transportado a otro tiempo, donde las armaduras y las espadas aún eran la señal de que la España en la que jamás se ponía el sol dominaba el mundo. Desde sus torres se ve el verde-oscuro paisaje como una maqueta hecha por la mano del mismo Dios.

Aquí se proclamó reina a doña Juana la Bletraneja en contra de lo dispuesto por los partidarios de Isabel de Castilla, y aquí residieron reyes que la conquistaron, amaron y algunos que la odiaron.

En sus tiendas más emblemáticas hallé los famosos damasquinados hechos con hilos de oro de veintidós quilates y de veinticuatro quilates, y lo que aún le dio más renombre en el mudo europeo, las espaderías en las que se fabricaban espadas con alma de hierro que eran irrompibles aunque se doblasen. Llegaban desde los puntos más alejados para adquirirlas y su precio las hacía inalcanzables a los bolsillos incluso de los nobles que no eran ricos en verdad.

Como una dama engalanada, que se sabe inmortal, Toledo permanece altiva, llena de vida y de historia, y llama a los que se le acercan con voz melosa para compartir con ellos, su savia, la historia en estado puro.

Caja de Sorpresas

Minibiografía


He ejercido como locutor de radio durante siete años en dos emisoras distintas, moderando debates políticos y culturales, realizando programas de carácter intimista nocturnos.
Soy escultor profesional y he expuesto en numerosas ocasiones en varias salas de exposiciones. Además he viajado por 24 países para recabar información para mis libros, entre otras cosas.

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GRACIAS A TODOS POR SU VISITA. SALUDOS DE KENDALL MAISON.

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