Kendall Maison, escritor.

martes 29 de julio de 2008




domingo 27 de julio de 2008

EDICION DE BOLSILLO DE EL LABERINTO PROHIBIDO


Ya se encuentra en todas las librerías la edicion de bolsillo de EL LABERINTO PROHIBIDO si aun no lo has leído esta es tu oportunidad de hacerlo y opinar sobr él...

domingo 20 de julio de 2008

Londres, la Ciudad del Ladrillo Rojo

Foto de Londres antiguoEl avión descendió suavemente y nos dejó en Gatwick. Un tren nos llevó a la capital de Inglaterra, y allí desembarcamos con la intención de conocer una ciudad tan cercana, y tan lejana a la vez.

El primer día trazamos una diagonal de este a oeste, y caminamos disfrutando de cada monumento que Londres nos ofrecía. En primer lugar visitamos el British, el museo en el que el arte egipcio y griego cobran un sentido y una magnitud especiales. Por entre las columnas, penetramos en aquel templo de reliquias que cada día vistan miles de viajeros, interesados en conocer las raíces del mundo.

Sala tras sala, nos alimentamos de los conocimientos que regalan, quienes cuidan de que permanezcan al alcance de quienes sepan apreciarlos.

Pero Londres es mucho más que museos y monumentos, es una ciudad llena de gentes, de razas venidas de todas las partes del mundo, y de cada uno de sus confines. Crean una heterogénea mezcolanza, que da la impresión de que no podrá haber más guerras entre los que lo pueblan. Disfrutamos de un capuchino en una de sus exquisitas cafeterías y salimos a las calles envueltos en esa luz diurna que semeja la penumbra de un otoño suave.

El Parlamento apareció con su enorme torre del Big Ben apuntando al cielo, junto a la ribera del Támesis. Hicimos cola para penetrar en aquel lugar emblemático en el que como llama eterna, se conserva desde hace más de setecientos años la democracia. Asistimos a una sesión de los Comunes y otra de los Lores, con sumo deleite, embriagándonos del ambiente político que allí se respiraba.

Las horas transcurrían raudas y pasear por Trafalgar Square, Picadilly Circus o visitar el Palacio de Buckimgham, resultó una tarea que hubo que dividir en varias etapas en las que penetramos en ambientes tan diversos como interesantes.

He dejado para el final la Torre de Londres, en la que me deleité dejándome imbuir por su aspecto medieval perfectamente conservado, y en la que tuvimos ocasión de conversar con un par de Beefeaters. Durante la explicación que nos dieron uno de los dos comenzó a contar chistes, con verdadera gracia, algo que jamás sospeché de tales rudos soldados de la guardia de la reina inglesa.

Las salas de armas repletas de alabardas, espadas y armaduras, daban una impresión general de que sus dueños podían entrar en cualquier momento, para revestirse de acero y salir a guerrear. La noche cayó sobre nosotros y al cruzar el Tower Bridge, sentimos que el Támesis cobraba esa vida mágica que posee todo aquello que tiene personalidad propia.

Londres es una ciudad edificada en ladrillo rojo, por carecer de piedra en abundancia y de esta forma generó palacios, casas y castillos, que difieren bastante de los que encontramos en el continente europeo. El desarrollo industrial que tuvo lugar en primer lugar, en la Inglaterra que despertaba a la modernidad, dejó de esta manera su impronta. Cenamos en el Soho, cerveceamos (válgame la palabreja), y nos mezclamos con las gentes que compartieron con nosotros dos, con Marta y conmigo, sus costumbres y usos.

Sin embargo la experiencia mágica por excelencia, la tuvimos al visitar tiendas en las que, la decoración (eran fiestas de navidad) resultaba algo excepcional y digno por tanto de mención. Especialmente en los Almacenes Maison, (casualidades de la vida) los escaparates de estos almacenes, los más veteranos de Londres, tenían engalanados sus productos con escenas de “Alicia en el País de las Maravillas”. Aún conservo las fotografías de aquellos días en los que las cartas de una Alicia de cartón, delicadamente pintada, eran echadas por los aires, tan magistralmente que hube de intentar ver como lo habían podido realizar. Daba la impresión de que se habían detenido en el aire en un segundo concreto.

Londres vestida de gala para la ocasión nos regaló unos días de vacaciones agradables que es más que posible repitamos…

Narrado por Kendall Maison el 18-07-2008 [Escribir comentario]
Categoría: Viajando con Kendall Maison

jueves 10 de julio de 2008


Visitar EL PODER DE LA PALABRA

sábado 5 de julio de 2008

París, la Ciudad de los Mil Puentes

Foto de la Torre Eiffel de ParísUna ciudad sin duda fascinante es la que ejerce de capital de Francia, y que por su fama, bien merecida, o no, se halla en el centro del mundo mismo. Cuando salimos del hotel para iniciar la que sería nuestra primera visita por ella, sentí que mi alma se impregnaba de aquella esencia dejada por los padres de la revolución, tiempo atrás, cuando el hombre carecía de derechos, que ahora nos son tan familiares y cotidianos.

En sus calles adoquinadas anchas y bien trazadas, vi las huellas de filósofos y escritores dibujándose en cada piedra, en cada escultura de las mil que adornan sus palacios y edificios gubernamentales, sabiamente elegidos. Visitamos en primer lugar la Ópera de París donde su pórtico casi catedralicio, presidido por estatuas doradas, semejan guardar los preceptos de una Carta Magna que otorga el don de la igualdad.

Su majestuosidad me impresionó, y vi en su altivez el desmedido orgullo del hombre, que sin embargo merece ser encumbrado por obras como aquella, en la que las artes escénicas se desarrollan para el deleite de quienes las saben apreciar. Un mundo lleno de matices me envolvió al penetrar en aquel santuario sagrado en el que los “dioses” y “diosas” del teatro y la lírica, emanan su ambrosía como néctar para los sentidos.

Paseé por la ciudad con la prisa de quien desea alimentarse de ese líquido ambarino, que resbala por las gargantas y los ojos de los admiradores del arte que florece como fiel primavera en París, a cada paso que se da. Llegué como perdido en el mar de alamedas, hasta los campos elíseos y de allí al arco del triunfo que se eleva como símbolo, no de París sino de un mundo que salió vencedor de una guerra, en la que el hombre luchó contra sí mismo, en el afán de salir victorioso contra sus propios miedos y terrores.

Subimos hasta lo más alto de sus viejas piedras y divisé una ciudad que compagina viejo con nuevo, y bello con vulgar de un modo magistral.

No tardé en alzar la vista y ver a lo lejos la tremenda mole de hierro de la Torre Eiffel, que me provocaba para que visitase sus cuadrangulares patas sobre las que se elevan trescientos metros de metal marrón, desafiando como Torre de Babel al cielo mismo. Ascender por sus entrañas, supuso un reto para alguien que no gusta de las alturas extremas, pero el premio de ver el mundo desde aquel ángulo imposible que otorga la cima de la torre a quien se digna llegar a ella, compensa el miedo, y la tensión sufridas.

El Sena discurre, atravesando la ciudad, confiriéndole ese manto de realeza que adorna sus encantos, a modo de coqueta dama de una corte inexistente. Deseé navegar por sus aguas y sentir el frescor que producen sus suaves oleajes, y dicho y hecho, como por ensalmo, al poco estuve en un bateax mouche desde el que la conserjerí, apareció como ese palacio siniestro en el que la reina María Antonieta esperó su sentencia de muerte ataviada con un vestido negro y sobrio, muy diferente a los que lucía en sus desenfrenadas fiestas palaciegas, consumiendo los recursos de los parisinos en caprichos sin fin. Descendía para visitarlo, y penetré en el mundo en el que descansa la reina, sufriendo las críticas eternas, de quienes llegan a conocer sus excesos. Una figura de cera vuelta de espaldas da la impresión a uno de hallarse en presencia de la difunta reina y el ambiente parece densificarse en un intento de convertir el recinto, en el refugio eterno de la reina.

Caminando llegamos Marta y yo hasta Notre Dame, y entramos en ella con un sentimiento de aprensión, pues las numerosas velas y la atmósfera que en ella se respira, crea una sensación de agobio imposible de describir. Sus paredes de piedra relumbran ante los hachones de luces ya eléctricas, que se confunden con los que realmente portan antorchas. Salir supuso volver a respirar y pasamos un hermoso puente hasta dar con el ayuntamiento, que por cierto es uno de los edificios que más me gustó. Las esculturas guardan celosamente sus conversaciones en intramuros, y los viandantes lanzamos nuestras fotos como luces en su honor.

Pero sin duda lo que más me llenó de aquella ciudad resultó ser el Louvre, con sus inmensos salones llenos de la obra de manos maestras que dejaron para la posteridad sus genialidades. Elegimos salas de arte egipcio, pues yo estaba escribiendo “El Laberinto Prohibido” y toda información al respecto era útil, y las que correspondían a la insuperable Babilonia. Toros alados extendían sus enormes alas de piedra tallada para recibir a quienes les rescataron del olvido dándoles la importancia merecida. Visité las habitaciones privadas del emperador Napoleón III con su lujo exquisito, y el mobiliario en el que se aposentaron los consejeros reales y se decidieron los destinos de varios imperios.

Pero dejamos para el final algo que veníamos deseando ver desde largo tiempo atrás, la escultura de los maestros del XIX franceses, dignos de ser mencionados aparte. Haré mención especial del Espartaco que cruza sus brazos lanzando una mirada desafiante a quien le amenace con robarle la libertad, protegido por las gentes de una nación que entregó sus más preciadas generaciones, en pro de esta misma libertad. Lo admiramos y nos quedamos absortos en aquella obra que reflejaba a la perfección el sentir de una raza.

Vimos cuadros de interés como La Coronación del Cruel Napoleón, y por supuesto La Mona Lisa del insigne Leonardo Da Vinci, tan de moda actualmente.

Cruzamos el puente de Alejandro III a mi gusto el más hermoso, de todos pues algunos son los que se erigieron provisionalmente tras la segunda guerra mundial, y los que tuvo ayer en la historia se perdieron, aunque no todos afortunadamente. El sol brilló todo el día y el atardecer nos brindó la posibilidad de conocer como llora el astro rey al abandonar París. La torre Eiffel se iluminó y una etapa diferente comenzó para quienes son aves nocturnas.

Yo creo que realmente es la ciudad de los mil puentes.


Narrado por Kendall Maison el 4-07-2008 [Escribir comentario]
Categoría: Viajando con Kendall Maison

MIRAR DENTRO DE SÍ...


Cuando el alba nazca a un nuevo día,
mira dentro de tí...
explora tu yo interno,
y saca de tu tesoro,
el arma que te hará crecer...

Conócerte a tí mismo, aceptate tal cual eres,
será como nadar en aguas claras,
pero aun quedará el superarte...

Saber enfrentarte a los cambios,
adaptándote a lo que el devenir y el azar
te brindan, como copas de néctar fresco,
para beber de un trago,
sin caer en desesperación...

Caja de Sorpresas

Minibiografía


He ejercido como locutor de radio durante siete años en dos emisoras distintas, moderando debates políticos y culturales, realizando programas de carácter intimista nocturnos.
Soy escultor profesional y he expuesto en numerosas ocasiones en varias salas de exposiciones. Además he viajado por 24 países para recabar información para mis libros, entre otras cosas.

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GRACIAS A TODOS POR SU VISITA. SALUDOS DE KENDALL MAISON.

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